Publicado el 24 septiembre de 2014 a las 15:24

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El anhídrido carbónico (CO2), que popularmente conocemos como gas, forma parte de la naturaleza. Lo producimos todos los seres vivos al respirar y las plantas lo captan en su función clorofílica para luego devolver oxígeno al ambiente. Desde hace siglos se emplea como ingrediente y conservante en usos como la alimentación, y también desde los primeros orígenes de las bebidas refrescantes.

Presente en infinidad de bebidas y alimentos, el gas cumple importantes funciones. Y en los refrescos posee un efecto estético y organoléptico: les confiere su sabor ácido e intensifica el sabor y el aroma. A su vez las famosas burbujas producen vivacidad y efervescencia en las bebidas refrescantes, y la particular sensación que provocan al paladar. También actúan como conservante y antioxidante y ayudan a mantener todas las propiedades de las bebidas.

El gas de las bebidas refrescantes encaja perfectamente en el seguimiento de unos hábitos saludables, convirtiéndolas en una opción ideal para hidratarse durante este otoño: no aporta ninguna caloría, sino que aumenta la sensación de saciedad que, en algunos casos, puede ayudar a mitigar el apetito, lo que es útil en dietas para cuidar la línea.

Colaboran con la Asociación de Bebidas Refrescantes:

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