Las calorías no son significativas.

Los refrescos se integran perfectamente en el contexto de una alimentación equilibrada y variada. De hecho, en España su consumo sólo representa en torno al 1% del total de las calorías diarias ingeridas. Un refresco normal, con azúcar, tiene unas 40 por cada 100 mililitros. El pensar que tienen más calorías se relaciona con la creencia de que el azúcar tiene más de las que en realidad tiene, ya que sólo aporta 4 por gramo, mientras que, por ejemplo, la grasa tiene 9 y el alcohol 7.

Los refrescos light casi tienen cero calorías.

La industria de las bebidas refrescantes ha conseguido productos auténticamente light, con poco más de cero calorías. En la actualidad, el 25% de los refrescos fabricados en España son light y cada año salen al mercado nuevas versiones. A ello hay que añadir la gaseosa, una bebida refrescante típicamente española y muy baja en calorías (menos de 1 por 100 ml).

Los aditivos son ingredientes seguros.

Los refrescos, al igual que otros alimentos y bebidas, pueden incluir en su composición aditivos autorizados por la legislación alimentaria. Entre otras cosas se emplean para que los alimentos mantengan sus propiedades. Los que se utilizan en alimentación son los ingredientes que más rigurosamente se controlan y, de hecho, las autoridades europeas, a través de los comités científicos correspondientes, evalúan periódicamente los avances tecnológicos y científicos relacionados con ellos.

El refresco tomado con una aspirina no “coloca”.

Cualquier medicamento puede tener una serie de contraindicaciones o efectos secundarios y así se reflejan en su prospecto. En el de la aspirina no se describen las posibles interacciones con los refrescos. Al parecer todos estos rumores se difundieron intencionadamente y alcanzaron repercusión especialmente en los años 70 y 80 hasta el punto de que “las jovencitas” de la época vigilaban mucho su vaso de refresco para evitar que introdujeran en él una aspirina.

El gas de los refrescos no aporta ninguna caloría.

El anhídrido carbónico es un gas que producimos todos los seres humanos al respirar. Es un gas inocuo y no aporta ninguna caloría. El gas en las bebidas, además, cumple importantes funciones, actúa como conservante, intensifica el sabor, el aroma y aporta acidez. En el caso de los refrescos, potencia el sabor y da vivacidad y efervescencia a la bebida. Además, el gas no solo no aporta calorías sino que tiene un efecto saciante que, en algunos casos, puede ayudar a mitigar el apetito.

Los refrescos no deshacen un filete de carne.

Esta leyenda se basa en atribuir a los ácidos que tienen algunos refrescos la capacidad de hacer desaparecer la carne. Estos mismos poderes serían aplicables al ácido cítrico del zumo de limón o al vinagre de las ensaladas. Es más probable que un trozo de carne se estropee en un día si lo dejamos fuera del frigorífico a que desaparezca por la acidez de un refresco.

Los refrescos de cola no son espermicidas.

Los mitos y leyendas sobre recetas anticonceptivas han existido a lo largo de toda la historia. Obviamente, atribuir a una bebida propiedades anticonceptivas tiene tan poco rigor científico como otros muchos métodos que la tradición popular ha ido creando con los años y que, como está demostrado, no son ciertos. Los egipcios recomendaban miel y bicarbonato y, en el discurrir de la historia, los zumos de frutas o aceites han formado parte de muchas recetas anticonceptivas.

La cafeína con moderación favorece la concentración.

La cafeína es un alcaloide presente de manera natural en diversas plantas. En el caso de los refrescos, algunos incorporan cafeína entre sus ingredientes, aunque en  dosis menores a otras bebidas, como por ejemplo un café. Distintos estudios científicos han demostrado que la cafeína, en dosis moderadas, puede contribuir a mejorar la capacidad de concentración.

Los refrescos ni aflojan tornillos, ni desatascan tuberías.

A lo largo de toda su historia, los refrescos, como bebidas muy populares en todo el mundo, han sido objeto de numerosas leyendas urbanas que carecen de todo fundamento científico. Una de las más difundidas hace referencia a que con un refresco de cola se puede eliminar la herrumbre de un tornillo. Basta hacer la prueba para comprobar que esto es falso.