Un producto clave y pionero en la historia de las bebidas refrescantes en España ha sido la gaseosa. Esta bebida, que lideró el mercado durante años, ha estado presente  -sola o combinada con otras- en el día a día de los españoles durante más de un siglo.

Se comenzó a fabricar a gran escala a comienzos del siglo XX y se popularizó aún más en los años 50. En aquella época existía un sinfín de marcas, muy locales y de elaboración artesanal hasta que en 1949 nace La Casera, que se convertiría en la primera gran marca de gaseosa nacional.

Las primeras botellas llegaron al mercado en abril de 1950: concretamente fueron 1.417 y se vendieron por un total de 1.700,40 pesetas (no se ponga a dividir, 1,20 costaba cada una). Cada una contenía un litro de bebida y no se parecían a nada de lo que había en el mercado en ese momento.

Eran botellas de cristal transparente que transmitían una idea de limpieza e higiene, permitiendo ver el producto, y que se cerraban con un tapón mecánico de cabeza de porcelana, en lugar del tradicional cierre de corcho con una cuerda.

Un producto cada vez más popular

Para que las amas de casa conocieran el producto, un repartidor en bicicleta de tres ruedas regalaba por los barrios las botellas. El ama de casa se quedaba con el casco y si quería una nueva tendría que pagar 1,20 pesetas, un lujo para aquella época.

Para finales de 1950, se habían vendido ya 380.090 litros, lo que supuso unos ingresos de casi medio millón de pesetas, pero no sería hasta los años 60 cuando se produjo el mayor crecimiento de la marca.

A la  botella de medio litro se sumaron los nuevos sabores a naranja y limón, lo que le convirtió en el refresco familiar por excelencia durante varias décadas. En este periodo se crea una red de distribución propia para llegar a todos los rincones de una España de posguerra muy mal comunicada, lo que dio lugar a curiosas anécdotas.

Por ejemplo, las tortuosas y empinadas calles de Jerez de los Caballeros fueron recorridas durante años por 10 burros que salían juntos de la fábrica y hacían el reparto sin más compañía que su instinto. Cada burro realizaba su itinerario, parándose sin error en la puerta de sus clientes, que recogían la mercancía y dejaban en su lugar los cascos vacíos. Otro caso curioso era el de algunas poblaciones en que el reparto se hacía en el coche fúnebre, y el día que había entierro, no había gaseosa.

Durante los 80 se creó una línea de hostelería apoyada en la conocida frase “si no hay Casera, nos vamos”, un slogan que todavía se recuerda y durante los 90 y el cambio de siglo continuó adaptándose al gusto del consumidor ampliando su línea de sabores.

Hoy, La Casera se ha convertido en una de las 10 marcas de bebidas refrescantes más vendidas de Europa y España.